El día comenzó con una marcha enérgica por la senda de la Glorieta hasta el frontón. Tiempo de calidad, conexión familiar y disfrute del paisaje.
La tarde se transformó en un estallido de creatividad gracias a la narración de un cuento, una dinámica de "punto y arte" y una sesión de tizas que llenó el espacio de color y diversión.
El cierre perfecto fue una merienda casera: bizcochos, fruta recién recolectada y zumos naturales.
Esta experiencia nos reafirmó algo esencial: confiar en uno mismo y atreverse a empezar convierte un simple punto en algo extraordinario.
¡Nuestra primera colaboración con VeroSfera ha sido un rotundo éxito!






